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martes, 11 de noviembre de 2008

MARÍA ISABEL PERALTA
1904 - 1926

Enferma, sin remedio, sólo espera: la barca puede ya estar muy cerca: ella, la gran poeta, la que pudo ser la más alta y bella del insomne bosque, tiene y atesora otra faceta del amor; su madre, postrada, enferma también; es amor de sufrimiento, desolación, impotencia feroz, porque nuestra amada poeta sabe que pronto caerán cielos oscurecidos sobre su lacerado cuerpo. La contempla, dolor sobre dolor, le hiere verla tan indefensa, en una cama. Desesperante pesar quizá en la última tarde...

Ahi está su madre, sintiendo que las horas son ásperas y duras como piedras. Inválida, nada puede hacer. Sólo ver a su hija que día a día
se va alejando, alejando.... Sintiendo talvez que sus dolencias son menos severas que las de su hija...

La dulce, hermosa poeta, la que nosotros amamos sin haberla conocido,
le conmueve lo que acontecerá cuando sus ojos se cierren...
Se sienten ya lo pasos en la oscuridad, agoniza; pero ella, la muy querida tuberculosa, sólo piensa en que su madre quedará desamparada tras su injusta partida...

Aún en tales circunstancias, ya muy dolorida, tiene el valor de crear su poesía maravillosa. Y al hacerlo, no hay cansancio, ni sangre derramándose; hay una tristeza inmensa y, también, a veces, siente la
alegría de disfrutar un paisaje, un romper de olas...

María Isabel Peralta, ¿será posible encontrarte en algún rincón pleno de aroma y calma? Te buscaré...

CANTAR

Duéleme el cantar, si canto,
duéleme el reír, si río.
Madre, ¿por qué sufro tanto,
que, hasta el zumo que se exprime
en mi lagar, es amargo?

La herida, recién bierta,
y la ya cicatrizada
que teñida está de rojo,
parece también que sangra.
Me duelen, Madre, me duelen...
¡Estoy toda lacerada!

No hay bálsamo para llagas
ni palabras de milagro.
Ha de írseme la vida
como el perfume del vaso.
Madre, se me va el perfume...
¡Y ni sabrán que he pasado!

NAVE VIEJA

Eres la nave vieja, Madre,
carcomida por el llanto del mar,
yo soy el cable y soy la estiba,
que has de arrastrar, que has de arrastrar...

Cuando disgregue tu costado
el golpe de aguas y la sal,
un mismo cobertor de espumas
nos cubrirá, nos cubrirá...

Siento que muerde el oleaje
mi cable y que lo va a cortar;
pero, si me lo rompe, Madre,
¡Ay! Te hundirás. ¡Ay! Te hundirás...

Tenemos la ilusión de encontrar otros poemas para darlos a conocer. Es
una poeta que no merece ser olvidada jamás. Es un ejemplo de valor que pone muy en alto la entereza de la mujer.
No le demos la razón cuando dice: "Y ni sabrán que he pasado..."

Carlos Ordenes Pincheira

1 comentario:

Diego de la Noche dijo...

Es una pena que nadie lea a esta gran poeta. PArece que nadie conoce a nadie. Tampoco veo interés por conocer... Qué pena...