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lunes, 8 de marzo de 2010

CECILIA CASANOVA

CECILIA CASANOVA
(1926)

El otoño es el mensajero del invierno, ya próximo, y es preciso preverlo todo para
que la lámpara irradie su amor de luz sobre el rostro dulcificado por los últimos sueños
de la abuela, que ve pasar los días como mariposas de vivos colores, porque no ha dejado de vislumbrar la gracia y la sabiduría del tiempo.

YA ES TIEMPO

Piensas que ya es tiempo de sacar los niños
que olvidaron los pájaros en las canales
antes que baje la lluvia.
Ya el otoño puso a asolear las hojas
sobre los techos.
Y los muchachos vuelven provistos de palos
por los paseos públicos, levantando tierra,
disparando patas arriba a algún insecto.

Piensas que es tiempo
para almacenar el sol para la abuela
que disminuye en presencia de todos
y dar cuerda a la jaula
para que cante el canario
comprado para ella y los niños en Florencia.

Y cambiarle el agua a los de veras
silbándoles de vez en cuando
porque ella ha dejado de imitarlos
y desde su mecedora
no hace más que ir y volver
por sus noventa
murmurando palabras para Cristo abierto en su cómoda.

Piensas que es tiempo de encender la lámpara,
tapar las goteras, echar aceite a los goznes,
así todo irá mejor.

MI CALLE SE ALUMBRA CON TU CALLE

Mi calle se alumbra con tu calle
al cacarear las gallinas
cuando tu madre canta en mi imaginación
distribuyendo las tazas
con el balcón abierto de su bolsillo
donde crece el trigo
y el regocijo absurdo de sus llaves.
Se junta con tu calle
cuando el panadero con la excusa del pan
nos deja el sol recién salido
y un vendedor grita no sé qué
y tu hermana enciende escobas
y la mía esponjas
riéndonos de par en par
porque son paraguas los que arregla
como ya empiezan las lluvias.
Mi calle se junta con tu calle al atardecer
cuando florecen volantines
y los niños que se alejan colgados del aire.

Es la época en que mueren los picaflores
en las casas viejas.
Los niños los encuentran bajo el ciruelo
o a a sombra de una planta.
Ya no se escucha su tric tric
pero las dalias que tapizan los papeles
y que el sol no riega desde el verano
continúan picoteadas por ellos.
Porque a veces volaban confundidos
por las piezas
había que orientarlos suavemente
para no herir sus plumas ni su vanidad
con un paño hacia el huerto.

1 comentario:

Amanda dijo...

Puede una pasearse indefinidamente por esta antología de la lluvia y, sin dudar, ir encontrando en cada paso, belleza escondida no más que a flor de piel, a ras de piso, a soplo de viento y remover de hojas secas .
Cada nombre, una expresión distinta y, sin embargo, tan parte de todas a la vez.
Es la lluvia, que une bajo su manto todo lo que toca.

Amanda